jueves, 2 de marzo de 2017

Gestar

La maternidad nos interpela. Nos cuestiona, nos desafía. La gestación es el comienzo. Es esa "previa" que comienza a incomodarte de a poquito. Te va tomando gradualmente. Todos los días algo diferente. Te descompone, te duerme, te cansa, te saca energía vital. Te hace vomitar lo que comes y lo que sentís también. 
Pensás que no estas haciendo nada, o no estas haciendo todo lo que deberías. Te desafias tus limites, quizás con un pensamiento omnipotente de "a mi esto no me gana" o "voy a seguir haciendo mi vida", "sigo haciendo yo"... los meses pasan, y lo primero que aprendes es que ahora los contas por semanas. 
De a poco el estado embarazoso del primer trimestre le deja paso a una panza que dejó de parecer de postre. La incomodidad inicial se va transformando en criatura. De momento, es un gremilins (así se escribe...? ) de a ratos descubris que lo que se movió no fueron gases, fueron sus patitas las que sentiste por primera vez.
 De a poco, toda la energía inicial que te quita el embarazo, te la va devolviendo la cría en especies... Es como si de a ratos comenzaras a entender todo y al minuto, no entender nada. De a ratos, la invasión del cuerpo comienza a ser nido. De a ratos, no; y volves a sentirte literalmente una casa tomada. 
Poco se habla de los sentimientos encontrados que genera en nosotras, gestar. Fabricar una criatura no es poca cosa, es una crisis vital y bisagra. Pero poco podemos hablar de todo lo que abarca. Casi siempre sentimos la obligación de estar "embelesadas". Nos vendimos la versión mas edulcorada del embarazo. Esa que solo te pasa de a ratos, o les pasa a muy pocas. Porque, formar una persona y saber que por algún lado va a salir, hay veces que puede ser mas aterrador que romántico. Pero casi nunca hay suficientes espacios en donde poner en palabras todo lo que sentimos. Mas aún, si no se parece en nada a la tapa de una revista especializada en gestación. 
Poco espacio, o pocos oídos para decir-nos miedos. Miedos innumerables. Miedos que no te atreves ni a pensar dos veces. Miedos mas egocéntricos y superficiales, también. 
Ya no voy a ser yo sola. Como voy a hacer para seguir siendo yo y ademas criar... No quiero dejar de trabajar. No quiero volver al trabajo nunca mas. Voy a quedar deformada. De que tamaño me va a quedar la panza. Cuando volveré a ser la de antes... Existe un retorno posible?
Tampoco se habla mucho de sexo. ¿Tengo mas ganas o no? ¿Debo tenerlas o eso también es una versión de la Cosmopolitan?... ¿Se puede tener relaciones sin lastimar al bebe?, ¿Esta bien o mal? ¿Los hombres quieren? ¿Les da impresión? ¿Sentimos culpa por el placer con nuestro bb de testigo?
¿Nuestra mujer salvaje en que lugar del ropero la ubicamos?
El embarazo nos puede parecer larguísimo, pero un día estamos en la semana 37 y nos quedan mil cosas por resolver, y muchos miedos que se avecinan... son inminentes. Trabajarlos, decirlos, reirlos o llorarlos es el mejor antídoto para que nos dejen de taladrar la cabeza por las noches. Escucharnos y sabernos escuchadas, por mas tremendas que sean nuestras fantasías, nos devuelve a la calma. Una calma que te calma cuando es compartida, porque a la otra justo le está pasando lo mismo o ya estuvo ahí... 
El miedo a no tener el control de todo, el miedo a la espera, a la falta de certezas, la incertidumbre de como será, de saber si podré, de si estoy lo suficientemente cuidada... si me voy a partir, si va a salir leche, si mi madre nunca tuvo, si me va a gustar que mamen todo el tiempo, si no voy a ser lo suficientemente buena....
La gestación te pone de cara a la mujer madre que estas a punto de ser y también te conecta con la bebe que fuiste. Un mundo maternante olvidado o archivado en el inconsciente. Te das cuenta de que ahora te toca dar a vos. El vinculo con los hijos e hijas es el único vinculo en el que el dar y recibir no ocurre recíprocamente. Tomas de tus padres, algo que jamas le podrás devolver a ellos, sino que lo vas a volcar en tus hijos. Materna siempre es desigual.
Estar embarazada es el camino, o la cornisa mas empinada que nos toca subir, porque sea como sea que vaya a suceder, la única que pone el cuerpo para que esa criatura se forme y nazca, sos vos. 
Y en ese cuerpo de metamorfosis, nos pasa la vida. Nos atraviesa, sin igual.
Vale, en cualquier etapa de la gestación, parar la pelota, acallar los ruidos de afuera, los buenos consejos y todos los deberes. Cerrar los ojos, escuchar que necesito. Como puedo pedirlo. A quien. Como tomo energía del entorno para transformarla y volcarla a mi cria, tan pronta a salir.
Construirnos un entorno amoroso, repletos de temores pero también de brazos en donde caer, nos salva. Nos disuelve, nos aliviana, nos hace trascender y estar listas para que nuestro cuerpo se parta en dos y junto con nuestra cría, se nos rebalse el alma, para no volver a ser nunca mas las mismas.